La historia del coasteering comienza mucho antes de que esta actividad de aventura se hiciera popular en las costas de todo el mundo.
Antes incluso de que tuviera un nombre, ya había personas buscando una forma de avanzar allí donde el sendero terminaba y comenzaba el mar.
Rocas, acantilados, canales, cuevas y pequeñas calas se convertían en parte del recorrido.
El camino era la propia costa.
Hoy conocemos esta forma de explorar el litoral como coasteering, una actividad que combina diferentes técnicas para progresar por la zona donde se encuentran la tierra y el mar.
Natación, trepadas, destrepes, travesías sobre roca, cuevas marinas, zonas de oleaje y, cuando las condiciones lo permiten, saltos al agua.
Pero reducir el coasteering a saltar desde un acantilado sería quedarse únicamente con una pequeña parte de la actividad.
Para conocer su verdadera esencia tenemos que viajar hasta Gales.

El origen del coasteering
La historia del coasteering está estrechamente vinculada a Pembrokeshire, en el oeste de Gales.
Su costa abrupta, llena de acantilados, plataformas rocosas, cuevas, canales y pequeñas calas creó un escenario excepcional para explorar la frontera entre tierra y mar.
Aunque existen referencias anteriores al término coasteering, el nacimiento de la actividad moderna se sitúa durante la década de 1980.
Surfistas y aventureros de Pembrokeshire comenzaron a explorar sistemáticamente aquellos acantilados de una manera diferente.
La idea era sencilla:
seguir avanzando por la costa aunque para hacerlo hubiera que entrar en el mar.
La roca y el agua dejaban de ser dos espacios separados. Formaban parte de un mismo recorrido.
En 1986, en la zona de St Davids, comenzó a desarrollarse el coasteering moderno como actividad organizada y guiada.
Por eso Pembrokeshire está considerada actualmente la cuna del coasteering.
¿Qué significa realmente hacer coasteering?
Esta es probablemente la parte más importante.
El coasteering no consiste en llegar a un acantilado y saltar al agua.
El objetivo es realizar una progresión por la costa utilizando diferentes técnicas dependiendo de los obstáculos naturales que encontramos.
Podemos caminar sobre roca, trepar, destrepar, nadar, atravesar canales, entrar en cuevas marinas o superar zonas de oleaje.
Y también podemos saltar.
Pero el salto es solamente una parte posible del recorrido.
No es lo que define la actividad.
El recorrido es la experiencia
Esta idea sigue estando muy presente en la filosofía del coasteering.
Lo importante es el viaje.
Encontrar una línea de progresión que nos permita descubrir lugares de la costa que difícilmente conoceríamos desde un sendero convencional.
Desde arriba de un acantilado vemos el mar.
Durante un coasteering estamos dentro de ese paisaje.
Y eso cambia completamente la experiencia.

Coasteering no significa saltar cada vez más alto
Con la popularización de la actividad también se ha simplificado mucho su imagen.
Fotografías de grandes saltos. Vídeos desde acantilados. Alturas cada vez mayores.
Visualmente funciona.
Pero no explica qué es realmente el coasteering.
La altura de los saltos no determina la calidad de la experiencia.
Los saltos dependen del lugar, la profundidad, el estado del mar, las condiciones de ese día, la experiencia del participante y la valoración del guía.
Además, cuando el recorrido ofrece alternativas, realizar el salto más alto no debería convertirse en el objetivo de la actividad.
Un salto puede durar dos segundos. El coasteering es todo lo que ocurre entre un punto de entrada y un punto de salida.

El mar decide
Esta es una de las características que hacen especialmente interesante al coasteering.
El escenario cambia constantemente.
Oleaje, viento, corrientes, temperatura, visibilidad, nivel del agua y, dependiendo de la costa, las mareas pueden modificar las condiciones de un mismo recorrido.
Un paso que un día resulta sencillo puede no ser apropiado otro día.
Una entrada puede cambiar.
Una salida puede complicarse.
Una cueva puede dejar de ser aconsejable.
Un salto puede no realizarse.
Por eso conocer un recorrido no es suficiente.
Hay que saber interpretar el mar.
Y ahí la experiencia y el conocimiento del entorno adquieren una enorme importancia.
De aventura informal a actividad profesional
El crecimiento del coasteering también hizo evolucionar la manera de practicarlo.
Lo que comenzó entre personas con experiencia en surf, escalada y medio marino terminó convirtiéndose en una actividad guiada con procedimientos específicos.
En Reino Unido, el National Coasteering Charter ha desarrollado buenas prácticas, documentación técnica y formación específica para profesionales.
Actualmente incluso existe una cualificación específica de guía de coasteering.
La planificación del recorrido, el estado del mar, la meteorología, el conocimiento de los puntos de entrada y salida, el equipamiento, la gestión del grupo y los procedimientos de emergencia forman parte de una actividad profesional.
Porque el coasteering es una actividad de aventura desarrollada en un medio natural cambiante.
Una forma diferente de conocer la costa
Hay otra parte del coasteering de la que se habla bastante menos.
La actividad nos introduce en uno de los espacios más interesantes del litoral: la zona donde se encuentran tierra y mar.
Además de realizar una actividad deportiva, podemos observar cuevas, formaciones geológicas, canales y pequeños ecosistemas que desde tierra pasan completamente desapercibidos.
Pero entrar en estos lugares también implica responsabilidad.
No todo sitio por el que podemos pasar significa que debamos hacerlo de cualquier manera.
Conocer un espacio natural debería ayudarnos también a respetarlo.
De Gales al Mediterráneo
Desde Pembrokeshire, el coasteering comenzó a extenderse por otras regiones del Reino Unido y posteriormente por diferentes costas del mundo.
Hoy encontramos recorridos en numerosos lugares donde la combinación de costa rocosa, acantilados y mar permite desarrollar esta actividad.
Y entre ellos encontramos también el Mediterráneo.
La Costa Blanca ofrece un escenario completamente diferente al de Gales.
Cambian el clima, la temperatura del agua, la geología y la dinámica marina.
Pero la filosofía continúa siendo la misma:
avanzar allí donde tierra y mar se encuentran.
Coasteering en Villajoyosa, Alicante
En nuestro coasteering en Villajoyosa encontramos un litoral que permite combinar progresión sobre roca, destrepes, trepadas, nados, pasos costeros y saltos opcionales dentro de una misma experiencia.
Pero para nosotros hay algo más importante que poder decir desde cuántos metros hemos saltado.
Queremos que quien termine recuerde todo el recorrido.
El lugar.
El mar.
La progresión.
La sensación de avanzar por una costa que desde tierra parecía inaccesible.
Porque ahí está la verdadera esencia del coasteering.

Una aventura entre la tierra y el mar
Han pasado alrededor de cuatro décadas desde que el coasteering moderno comenzó a desarrollarse en los acantilados de Pembrokeshire.
El material ha evolucionado.
La formación ha evolucionado.
Los procedimientos de seguridad han evolucionado.
Y la actividad se ha extendido por diferentes costas del mundo.
Pero su esencia continúa siendo sorprendentemente sencilla:
explorar.
Adaptarnos al terreno.
Leer el mar.
Entrar en el agua.
Volver a la roca.
Y continuar.
Porque el coasteering no es únicamente un salto, una cueva, una travesía o una pequeña escalada.
Es todo el recorrido.
Y probablemente esa sea la mejor manera de definirlo:
una aventura entre la tierra y el mar.
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